¡Bienvenidos!

Aquí he colocado algunos de mis escritos y reflexiones. Les invito a dejar sus impresiones y les agradezco enormemente el tiempo que se toman al pasar por aquí.

viernes, 22 de julio de 2022

 


Tonto, tonto, tonto

Por: Gustavo León

 

Me lo decía en medio de un llanto cargado de impotencia. No podía entender mi posición y le parecía insólito que esa fuera la resolución.

Yo tampoco entendía, desde mi lado de la acera obviamente. En mi cabeza estaba tomando la mejor decisión.

De esta escena hace ya unos 15 años. Ambos teníamos menos de 30 años y veníamos de transitar un par de años hermosos y tormentosos a la vez.

Ella era tierna, dulce y romántica. Muy de detalles. Un día, hizo una pancarta y sin miedo al ridículo estaba allí, en frente de mi edificio, para mostrármela con sus propias manos. Era de ese tipo de atrevimientos. Ambos nos prodigamos en regalos, cartas de amor, notitas, peluches y demás yerbas aromáticas pertenecientes al acervo de la cursilería mundial.

Sin embargo, ahí estábamos a gusto. Ni antes ni después tuve algo a ese nivel, en ese terreno.

También era explosiva cuando se disgustaba. De alzar la voz. De comentarios mordaces. También fue la novia más celosa que he tenido, ninguna de sus sucesoras se le ha acercado a su merecidísimo primer lugar en este rubro.

Era tal su determinación, que “limpió” mi círculo de amigas. Porque es cierto, era muy celosa, pero con ella descubrí que había un puñado de mis amigas que tenían una rara intención subyacente de fastidiar mis relaciones. Al final no eran tan amigas como yo pensaba.

Solo que como es de suponer, esta “limpieza” resultó incómoda y solo con el tiempo pude ver efectivamente lo que ocurría en una segunda capa que no era tan evidente para mí.

Cuando terminamos, las amigas y familiares sobrevivientes de la “limpieza” (si, también podía celarme de algunos miembros de la familia), me contaron historias entre asombrosas y risibles, de como ella ejecutaba el exterminio de lo que no tenía buenas intenciones.

Debo decir que yo no era esta versión del 2022. Me costaba trazar líneas y límites y en medio de mi visión de ver esta parte de la vida, podía hacer cosas que hubieran resultado incómodas para la mayoría de las mujeres en papel de novia de alguien.

Intento hacer un punto de honor donde si bien era cierto su alto nivel de celos, no es menos cierto que mi actitud, número infinito de amigas y el grupo con intenciones turbias, terminaba de configurar un cóctel que atizaba todo el asunto.

Todo este cuadro resultaba en conflictos, discusiones, desencuentros y afines. Yo tengo toda la vida huyéndole a dos cosas:

1.- Discusiones o peleas altisonantes

2.- Discusiones repetidas

Mi deseo es conversar con la mayor altura, cordialidad y cortesía posible y luego solucionar, no volver a disgustarme por el mismo asunto una y otra vez. En nuestro caso, ambas cosas que menciono arriba eran constantes y era por eso (principalmente) que ese día yo estaba terminando con ella.

Sin embargo, ella tenía razón: yo estaba siendo un tonto, tonto, tonto.

No por terminar con ella. Es probable que con el nivel de inmadurez mutuo no lo hubiéramos logrado a largo plazo.

Lo tonto, tonto, tonto fue ponerle el foco a todo lo que no me gustaba de ella y comerme el cuento de que era insoportable y que superaba todo lo bueno que ofrecía.

Era aún más tonto, tonto, tonto no comprender que yo estaba (y estoy) lejos de ser perfecto. Que yo también traía lo mío a la relación y que la única diferencia entre ella y yo es que ella no estaba convencida de que mis peculiaridades eran suficientes para acabar con todo.

Tenía más confianza en la relación y en el potencial de ésta y tenía la certeza de que se podía mejorar. Estaba segura de que los ratos buenos, las afinidades y el lado favorable de ambos, alcanzaba para mejorar y solidificar el noviazgo.

Lo más tonto, tonto, tonto fue no entender de lo que va el amor: de aceptar.

Yo no les estoy diciendo ahora que carguen una cruz y soporten todo. Cada quien tiene sus no negociables. Por ejemplo, no creo que yo pudiera estar con una fumadora, por decir algo sencillo pero importante para mí.

Cada quien tiene esos límites más o menos claros y evidentemente el amor no va de soportar ni aguantar lo que no quieres para ti. Nada de tolerar maltratos, abusos o manipulaciones.

Yo intento decirles que cuando tienes a alguien, con defectos, pero cuyo balance entre eso que no te gusta y lo que sí te agrada se inclina notoriamente hacia aquello que sí quieres, pues debes intentar amar más y mirar con más frecuencia en la dirección de aquello que si valoras.

En el camino, puedes intentar mejorar lo incómodo, claro. Va a depender mucho más del otro que de ti. Sin embargo, se debe partir de la base del “te acepto” así como vienes, porque no solo eres ese pedazo que me cuesta tragar, sino un sinfín de cualidades con las que amo convivir.

Hay algo todavía más poderoso. Valorar a quien te ama, a quien quiere todo contigo y quien sí ha sido capaz de poner la mira en lo que le gusta de ti.

Esa tarde, yo no me sentía tonto, tonto, tonto. Solo quería huir de ese conflicto que yo apreciaba permanente. De una situación que en mi mente no tenía salida. Fue solo con el paso de los años que comprendí lo que era comportarse como un tonto, tonto, tonto.

Repetí la fórmula muchas veces: empecinarme con lo negativo, mirar todo el día en esa dirección y dejar que todo eso me envenenara. Es por ello que fui desechando buenas mujeres (con defectos, claro), que luego se sentían disminuidas al no entender qué era lo tan malo que tenían para que yo quisiera huir en la dirección contraria.

Obviamente no todos los casos son iguales. Con alguna que otra, aun siendo buenas mujeres, las diferencias se metían en mis límites y allí sí que no hay manera. Al menos eso sigo pensando hoy.

Esta historia tiene una suerte de final feliz y una moraleja (para los despistados que aún no la han visto). Ella consiguió la manera de pasar la página y darse cuenta que aún me quería en su vida, aunque fuera en el formato de amigos. Nos llevábamos tan bien, que aquello fluyó como la seda y hemos tenido una linda amistad desde entonces. La he visto casarse, tener hijos y ha sido maravilloso poder contar con ella por tantos años.

La moraleja es: Amen. Amemos. Con “A” mayúscula. Amen como los ama su perro. Amen como aman a sus hijos. Es lo más cerca que tenemos para apreciar una muestra del amor incondicional. No traicionen su esencia ni sus límites, sin embargo, no se queden viendo ni agrandando justo la parte que no les gusta.

Aprendan a distinguir cuando tienen a alguien por quien vale la pena estar. Aprecien cuando ustedes sean amados y noten especialmente cuando ustedes no son tan criticados. No es que de repente se han convertido en la perfección hecha carne, lo que está pasando es que los están AMANDO.

 

Gustavo León

#LaFelicidadEsPortátil

@YoSoyGusiTrainer

 



Cuando decidí quedarme en Venezuela


Ilustración de Aridha Prassetya

Ilustración de Aridha Prassetya


Llegó un punto en que lo tenía decidido. Venezuela tiende a apretarte hasta que sientes que te expulsa por los aires repentinamente. Por allá en el 2017 pensaba que no había otra salida: había que emigrar. Pensé que el destino ideal para mí era Chile.

Empecé a investigar acerca de los trámites necesarios. Comencé a preguntar a los amigos y familiares  que ya había iniciado el camino o que estaban allá.

Desde septiembre de ese año, la amiga quien me presenta CRP estaba hablándome de la formación.

Finalmente en marzo del 2018 la hice y empecé a practicar las estrategias. Y claro, me dio resultados en varios ámbitos de mi vida, sin embargo hoy vengo a contarles cómo fue que hacer CRP me hizo cambiar de opinión.

En principio, mis finanzas personales mejoraron. Obviamente es un gran aliciente. Pero Venezuela sigue siendo lo que es hoy en día. Hay asuntos estructurales, profundos, que va a tomar un tiempo mejorar y cambiar.

¿Entonces qué pasó?

Es fácil, comencé a verlo distinto. Al final del camino, la vida no es lo que nos ocurre, sino lo que hacemos con ello. El cómo reaccionamos a eso. “Solo los estúpidos no cambian de opinión”, dijo un renombrado político venezolano hace algunos años.

¿No te pasa que recuerdas alguna situación del pasado que te causó quizás alguna frustración o rabia y ahora que la revisas en tu mente no te produce lo mismo?

El secreto es comprender que lo que cambia no es el evento en sí, sino  tu manera de verlo. El modo en que percibes tu realidad define el cómo te sientes al respecto. El cómo te sientes define los resultados de tu vida.

En mi caso, implementar las estrategias y enseñanzas de la Formación de CRP me permitió percibir mi estadía en Venezuela de un modo diferente: sin sufrirla.

¿Te estoy diciendo ahora que hay quedarse en Venezuela? No. Solo te digo que un cambio en la interpretación que le das a lo que pasa afuera te hará vivir mejor en Venezuela, Colombia, España, México o donde quiera que estés, sin importar si acaba de ganar el candidato de izquierda que tanto te da miedo.

Tu bienestar no está atado a los estímulos externos que recibes.

¿Quieres saber “con qué se come eso”? ¿Te gustaría mirar los acontecimientos desde otra acera? Contáctame para apuntarte a mi siguiente formación de CRP, usando cualquiera de los medios que te voy a dejar a continuación (o puedes seguir sufriendo cada vez que lees alguna noticia desagradable):

 

Trainer CRP: Gustavo León

Inicio: Jueves 4 de Agosto  del 2022 – 5:30 PM (Hora de Venezuela)

Inversión: a partir de USD 40

 

gleonvillarroel@gmail.com

0412 7 383 101 y 0414 268 19 33

@YoSoyGusiTrainer en Instagram

Telegram: https://t.me/GustavoLeonV

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