¡Bienvenidos!

Aquí he colocado algunos de mis escritos y reflexiones. Les invito a dejar sus impresiones y les agradezco enormemente el tiempo que se toman al pasar por aquí.

jueves, 12 de febrero de 2026

No todos los Héroes usan capa

 

 

No todos los héroes usan capa

 

Hace mucho tiempo que quiero escribir públicamente lo que ya le dije a mi papá directamente. Por fortuna, sigue vivo y pensé que tenía que aprovechar para expresar lo que sentía, lo mucho que lo valoro y el agradecimiento profundo que siento por tener la figura paterna que tengo.

Hoy, en su cumpleaños, es un día propicio para ello. Para celebrar su vida en la distancia que nos separa ahora y recordar el porqué ha sido un padre tan extraordinario.

Si pudiera resumirlo, quizás lo más importante que hizo mi papá por mí es que fue la primera persona que entendió mi curiosidad intelectual. En ese sentido, siempre contestó todas las preguntas que le hice. Créanme que el total de esas preguntas es un número enorme. Preguntas de todo tipo, a cualquier hora; preguntas profundas, capciosas, preguntas que buscaban entender el mundo. Él, que resolvía el crucigrama de la revista dominguera “Estampas”, del diario “El Universal”, con una mano amarrada a la espalda, tenía una respuesta para todo, siempre. Con el tiempo, incluso descubrí que se tomaba algunas licencias personales con las cuales aderezaba las respuestas, simplemente comprendiendo lo que yo necesitaba saber siendo solo un niño.

Vaya que esto me hizo mucho bien. Era el mundo sin Internet ni celulares inteligentes. Había que leer libros, visitar bibliotecas, hacer las tareas, ver programas educativos y noticieros para estar informado y aprender. Con todo lo que yo quería saber siempre, era un bálsamo tener a alguien que nunca se fastidió de una pregunta mía y que siempre tenía respuestas que me dejaban satisfecho, cosa que no era nada fácil. Pasábamos horas de carretera durante los viajes en una dinámica donde yo interrogaba y él explicaba, mientras yo saciaba mi curiosidad infinita por toda clase de temas.

Cuando fui elegido para dar un pequeño discurso en el modesto acto de graduación de sexto grado de mi escuela, le pregunté: “¿De qué puedo hablar?”. Con la facilidad pasmosa con la que resuelve esos temas, y también con la certeza de que no tenía que dictarme el discurso, me sugirió tres o cuatro puntos y listo, seguro de que yo podía redactarlo solo. Esos pequeños gestos me retaban y empoderaban, de tal modo que, lejos de sentirme acobardado, me sumergía gracias al espaldarazo que me daba: te puedo guiar, pero tú puedes hacerlo por ti mismo.

Mi papá, además, era la parte divertida del tándem que hacía con mi mamá. Era el de los paseos a la playa, al parque; el que consentía y regañaba poco. Con los años entendí el papel que mi mamá jugaba en esta puesta en escena, empeñada en que nosotros tuviéramos una buena relación con nuestro padre, bajo la premisa de que el amor de madre era incondicional, pero el del padre podía flaquear. Mi papá igual lo hacía de muy buena gana. Aún recordamos, 40 años después, cómo agarraba a sus tres hijos y a cinco primos más y nos hacía un tour playero donde podíamos visitar cinco o más playas en un día, armado con una cava repleta de lo necesario para un periplo de esas características y con la paciencia para dirigir a casi diez niños durante la jornada.

Mi papá era el que se presentaba en los actos, el que recogía la boleta de calificaciones, la revisaba y firmaba; el que me llevaba al liceo. A pesar de su trabajo y ocupaciones, hallaba el tiempo para estar en lo cotidiano y en lo importante. Esa presencia constante, ese llegar a casa y conseguir a mi papá allí, proveyendo sin descanso como cabeza de familia, es algo que, luego de escuchar a muchos otros que no lo tuvieron, fui apreciando mejor y agradeciendo profundamente; un privilegio que, aunque debería ser lo usual, no suele serlo.

Era, además, muy prestigioso ser el hijo de mi papá, un tipo conocido y respetado en su comunidad. Éramos “el hijo de León”, lo que automáticamente nos daba un aura de protección y respeto. Luego, fuimos descubriendo que era un profesional apreciado por su ética, método y papel fundamental en los procesos de obtención de títulos de grado de una incontable cantidad de alumnos que lo aprecian y lo recuerdan con entrañable cariño. Entonces pasábamos a ser “el hijo del profe” y también era estupendo. Parece una tontería, pero intento decir que ser hijo de mi papá era motivo de orgullo por el reconocimiento que siempre recibió con el paso de los años en su desempeño profesional.

Por otro lado, no hubo novia a la que no recibiera con los brazos abiertos. Debo decir (sin orgullo alguno por el número) que fueron varias a las que acogió de buena gana, cosa que también le agradezco mucho, porque resultaba ser el balance necesario ante la cara cerrada de mi mamá. No hubo una a la que no tratara con cariño y aprecio genuino, sin criticar ni entrometerse, fluyendo con la vida amorosa de sus tres hijos varones.

Hay muchos buenos recuerdos asociados y un balance más que positivo viendo por el retrovisor lo vivido hasta el día de hoy. De niño, era lo más parecido al superhéroe capaz de resolver infinidad de problemas y necesidades. Ya de adulto, pude verlo en su dimensión humana y lo único que perdió fueron los superpoderes que el niño le otorgaba; sin embargo, su figura solo se engrandeció cuando la mirada del adulto midió la constancia de años y pudo ver no solo lo que hizo por mí, sino por cada uno de mis hermanos y el acompañamiento que hizo a mi mamá en sus últimos días.

Sin embargo, lo más extraordinario lo hizo en mi momento más complejo: el papel que jugó en mi embarazo adolescente. Con su enorme tino para decirme exactamente lo que necesitaba oír, me calmó en el tránsito más oscuro y me ofreció una promesa que cumplió a rajatabla y más: “Yo me encargo hasta que tú puedas, vas a estudiar”. Un plan brillante y amoroso que solo esa combinación era capaz de concebir. Darme la oportunidad de forjarme un mejor futuro para que yo pudiera atender a mi hijo mejor, mientras él asumía la manutención de su nieto. Pasaron unos cinco años hasta que pudimos recibir el testigo.

Lo que le entregó a su nieto en su infancia, ya con la madurez, la experiencia y una mejor solvencia económica desde su papel de abuelo en primera fila, fue superlativo. Un jonrón con las bases llenas que terminó de sellar el eterno agradecimiento que siempre le tendré. Por mi lado, me permitió estudiar, obtener una carrera y poder navegar esos primeros años de Gustavito con foco, soltura y sin aprietos. A su nieto le dio una infancia feliz, llena de viajes, un carnet vitalicio de McDonald’s y buenos recuerdos dentro de un escenario de mucho cariño y protección.

Ambos, mi papá y mi mamá, se unieron para, una vez más, apoyar desde el amor y la firmeza a uno de sus hijos en aprietos. Yo me quedo sin palabras para dimensionar lo que esto significó para mí.

Gracias, papá. Es difícil imaginarme uno mejor. Gracias por esas tardes de ver El Mundo Salvaje de Lorne Greene, ese programa de animales en su hábitat natural. Gracias por las tardes de El Zorro; nunca me gustó, pero lo importante era estar junto a ti, compartiendo lo que a ti te gustaba. Gracias por ese pollo asado espectacular que siempre nos dejaba con ganas de más. Gracias por acompañarme en cada tobillo luxado que devino en inmovilización. Gracias por tus contactos infinitos, que me permitieron inscribirme para iniciar mi carrera universitaria. Gracias por cada pote de leche en polvo y Toddy que nosotros comíamos crudos a hurtadillas. Gracias por el pan con ajo y aceite de oliva. Gracias por llevarnos a Mata de Coco, junto con mamá, muchos domingos, a que bailáramos al ritmo de las canciones de moda de la época. Gracias por las cinco enciclopedias que había en la casa, esa pléyade de libros que había en esa biblioteca enorme que tanto disfruté. Gracias por las noches de Stop bíblico, que me retaron a estudiar y sumergirme para conseguir las palabras necesarias. Hay mucho que agradecer, el espacio se queda corto.

Hoy extraño mucho el podernos ver, como siempre fue, para compartir, picar la torta, conversar, abrazarnos y ponernos al día.

Feliz cumpleaños, papá. Échame la bendición una vez más. Te amo.


Gustavo León

#LaFelicidadEsPortatil

 

martes, 16 de mayo de 2023

 


Poner las cosas en su justo lugar
Gustavo León

Muchas veces repetí que la relación menos trascendente que he tenido fue con la madre de mi hijo. No es falso: duramos poco, nunca convivimos juntos, no hicimos vida de pareja, éramos unos muchachos adolescentes y luego yo tuve varias experiencias más intensas en muchos sentidos. Éramos muy jóvenes los dos para jugar a ser pareja y además a ser padres.

Sin embargo, es el término lo que empezó a “chocar” en algunos círculos donde yo decía eso. Porque si bien es cierto que fue hace mucho y quizás poco intensa en cuanto a vivencias de pareja, resulta que ella es la única mujer que ocupa un lugar a mi lado cuando se hace un árbol genealógico.

Con ella tuve a mi único hijo y con ella me casé ante los ojos de la Ley, en consecuencia, es una de las mujeres más importantes de mi vida.  Hoy es un buen día para reivindicar su justo lugar.

Recién nos vimos luego de varios años y tuvimos una amena charla de amigos, de padres de un adulto, de personas que se conocen desde hace mucho y se están poniendo al día. Es agradable poder tenerle dentro de un grupo con el cual se puede seguir conversando y en el cual las relaciones van envejeciendo bien, mejorando con los años.

No busco con esto sustituir la honra que mi hijo debe hacerle consistentemente, ése es su labor. Esto es solo un “gracias” en el marco de un día especial. Gracias por  tu papel de madre, gracias por cumplir el pacto, por hacer tu parte y permitirme experimentar la paternidad. Gracias por el equipo que hicimos en medio del experimento que emprendimos.

Fuimos afortunados del apoyo que tuvimos y todos juntos, ambas familias, logramos un resultado favorable. Te celebro en este tu día, te felicito por hacerlo diferente y no repetir patrones aprendidos. Te admiro por los resultados de tu vida aún con un poco de viento en contra y las probabilidades adversándote.

Sigues siendo apoyo, sostén y figura presente para nuestro hijo. Tienes tu lugar en nuestra vida y sinceramente te digo que si tuviera que hacerlo de nuevo, lo haría exactamente igual, fue una experiencia realmente aleccionadora que me puso en perspectiva un montón de cosas. Gracias por decir que sí y gracias por todo lo que entregaste como madre. Te envío un largo abrazo en este tu día, disfrútalo como te mereces. Te Cloqui por siempre (dejen el chisme, nosotros nos entendemos 😂)

Gustavo León
@CRPTrainerGustavo
#LaFelicidadEsPortatil