¡Bienvenidos!

Aquí he colocado algunos de mis escritos y reflexiones. Les invito a dejar sus impresiones y les agradezco enormemente el tiempo que se toman al pasar por aquí.

martes, 20 de septiembre de 2022

Sesgo

 


Sesgo

 

Todos lo tenemos. Me refiero a que aun pretendiendo ser imparciales u objetivos, nuestra incapacidad para percibir la totalidad de lo que ocurre en el mundo hace imposible que podamos comprenderlo todo como quien ve el cuadro completo.

Con nuestros sentidos corpóreos, solo percibimos una fracción muy pequeña de lo que entendemos como realidad o de todo aquello que está pasando en este momento.

Cuando unimos a esto nuestras costumbres, idiosincrasia, creencias, patrones sociales y familiares,  gustos, valores morales y religiosos y una larga lista de condicionantes que todos cargamos, podemos entender que lo más natural sea que tengamos alguna clase de sesgo. Ese que nos hace favorecer nuestro punto de vista, recordar lo que más nos interesa o simplemente prestar atención a lo que resuena con nosotros; bien sea con lo que nos es afín o con nuestras heridas.

¿Qué podemos hacer con esto? En principio reconocerlo. Luego aceptar que por cada ser humano existe una realidad. Es una suerte de multiverso que no percibimos claramente pero que danza frente a nosotros todos los días.

Una vez que se reconoce y se acepta, podemos abrazar con más naturalidad los puntos de vista ajenos, toda vez que cada persona percibe el mundo desde lo que es como individuo y no como lo está viendo realmente.

Luego les diría que hagan un pequeño esfuerzo por prestar más atención a su presente. A eso que les ocurre cotidianamente. Muchas veces, el sesgo se activa porque en medio de una situación, en vez de vivirla y observarla a plenitud, interrumpimos  nuestro foco en ella porque empezamos a pensar en lo que queremos decir, lo que opinamos, lo que queremos defender o incluso, nos lo tomamos personal y nos ocupamos de mirar la molestia que eso nos produce.

No es posible deshacernos del sesgo, sin embargo ayuda mucho desarrollar la escucha activa y la atenta observación. Pueden ser grandes aliadas para poder recordar con más precisión muchos de los eventos que vivimos. De ese modo podemos minimizar muchas de las historias que nos contamos cuando no  nos damos cuenta de que estamos siendo manipulados por nuestra particular y única manera de percibir e interpretar el mundo.

 

Gustavo León

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viernes, 16 de septiembre de 2022

 



Salió tu Sombra ¿Quién Eres?

 

Algunos recordarán el tema del grupo venezolano de rock “Sentimiento Muerto”, titulado: Sin sombra no hay luz. En la medida que entendamos esto, podremos aceptar el contraste como el justo equilibrio para que aquellas cosas que tanto nos gustan puedan existir en este formato dual de realidad.

Sin embargo, no todas las sombras son iguales. Hay algunos que cuando les emerge la sombra asesinan, violan o torturan. Tu sombra también eres tú, en el polo opuesto. Por eso pregunto al principio, ¿Quién eres cuando sale tu sombra? ¿Qué tan larga y tenebrosa es?

Esto no va de sentirse culpable cuando la sombra aparece o criticar la sombra de nadie. Va de observarla, rodearla con el brazo cuando aparece y procurar no depositar en nadie nuestro cubo de basura personal.

Va de expresar que yo creo firmemente que no estamos cortados en serie y en consecuencia, la sombra no tiene por qué desbordarse siempre o generar reacciones idénticas en todos. Es posible que aun cuando la sombra se monta en escena, tú puedas, sin negarla ni esconderla, hacer algo mejor.

Aceptar y reconocer la sombra no me da una licencia de hacer cualquier cosa. Me da el permiso de ver que soy ambas caras (y que eso está bien) y siempre me da la oportunidad de elegir una conducta más amorosa. Si, en medio del disgusto, la rabia, las ganas de propinar puñetazos o de pasar por encima de alguien con mi carro; siempre puedo elegir una mejor versión, sin tragarme el sentimiento que me ha traído a ese punto.

Me gusta llamarlo la gestión de las emociones. Me gusta pensar que en medio de una traición amorosa, aún puedo desear el bien al otro. Me agrada la idea de apalancarme en mi lado más luminoso cuando el otro asoma la cara. ¿Quién quiero ser ante esta situación? Es una pregunta que me gusta hacerme y me resulta.

No se trata de ser “buenos” o “malos”. En cualquier caso, somos un poco de ambas cosas. Se trata de creer que todo lo que hay allá afuera, también soy YO, y que no hay nada que le haga a los demás que no me esté haciendo a mí mismo.

 

Gustavo León

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martes, 6 de septiembre de 2022

 



CRP es un “pañito” de agua tibia

 

Me lo dijeron hace unos meses. Hacía alusión a que CRP no va al problema de fondo. La persona que me dijo esto, practica una técnica que justamente acompaña a quien lo desee a una suerte de viaje al pasado, donde miras un evento en específico y le das un nuevo significado.

Muchas veces eso ayuda muchísimo. Yo celebro todo lo que te anime a pensar diferente acerca de lo que has vivido o vives en este momento, sin importar cómo se llame.

En efecto, CRP no busca ir al pasado, porque cree que en cuanto vas hacia atrás, conectas con misma emoción del evento al que visitas y el cerebro no sabe de si eso que estás pensando está ocurriendo realmente o no.

Por lo que puedes traer a tu presente la misma emoción poco favorable y CRP justo persigue lo opuesto.

Luego de unas semanas de haber oído esta opinión,  reflexioné que todo lo que estás pensando lo estás pensando hoy, ahora mismo. Lo que te duele o te preocupa, te duele y preocupa ya mismo. Por lo que no tienes que ir a ningún lado para pensar diferente, basta con decidirlo o sustituir ese pensamiento con otro. Usar tu enfoque para mirar otra cosa.

Si eso no resulta, no tiene nada de “malo” ir atrás y darle un significado diferente al hecho. Decir lo que no pudiste decir, oír lo que no te dijeron y soltar esa pesada mochila que llevas. No retrocedas esa cinta si solo quieres regodearte en el pesar.

Mira hacia atrás decidido a pensarlo diferente, a digerirlo diferente, a vivirlo diferente. Como quiera que lo veas, todo está ocurriendo en este eterno ahora, por lo que cualquier herramienta vale.

¿Te gustaría conocer una técnica enfocada en tu presente que te ayudará a mirar de un modo distinto los eventos de tu vida que evalúas como calamidades? Contáctame para la siguiente formación de CRP y descubre por ti mismo el poder transformador del enfoque.

Trainer CRP: Gustavo León

Inicio: Jueves 22 de Septiembre  del 2022 – 6:00 PM (Hora de Venezuela)

Inversión: a partir de USD 40

 

0412 7 383 101 y 0414 268 19 33

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Telegram: https://t.me/GustavoLeonV

 

http://mi.mundocrp.com/perfil/gustavo-leon

 

miércoles, 24 de agosto de 2022

¿Qué nos pasó?

 



 

Siempre recuerdo una canción del Grupo Bacilos que decía: “¿Cómo fuimos a parar del cielo a este lugar, en solo un segundo?”.

Si en una ruptura no hay un detonante fuerte que la justifique, usualmente alguna de las partes se hace la pregunta del título o la del párrafo anterior

A veces, la pregunta se la hace quien no estuvo atento. Fue advertido y quizás lo dio todo por sentado o no le dio importancia a los reclamos.

En otras oportunidades la explicación, si es que la hay, es más sutil. Alguno de los dos se ha empeñado en mirar solo lo que no le gusta y no ha tenido éxito comunicando aquello que le estaba incomodando.

De cualquier modo, cuando se ve el carrete completo, parece un absoluto misterio. ¿Alguien sabe realmente cuando la ruptura está justificada cuando no hay un detonante mayor?

¿Cómo lo resuelven las parejas que duran muchos años o toda la vida?

Yo creo que todos sabemos que no hay pareja perfecta o libre de conflictos. ¿Qué hacen exactamente?

Hay muchas razones. A veces es apego, otras veces es miedo. En ocasiones es conveniencia o la determinación de no volver a empezar. Muchas de esas parejas longevas en realidad no podrían ser ejemplo de  nadie.

Pero yo no tengo la lupa allí. Intento ver lo que algún osado podría denominar como un modelo “exitoso” de relación. Si es que tal cosa existe. Hoy creo que en esos casos descubrieron lo que es amar en mayúsculas.

Yo he dicho muchas veces que no creo que estemos cerca de entender el amor en toda su justa dimensión. Una energía o emoción que creo yo mueve todos los hilos del universo.

Sin embargo, aquellos que son capaces de navegar las aguas turbulentas de los desacuerdos, los desencuentros, la llegada de la rutina, los cambios propios de cada ser humano y todo aquello que termina no gustándote mucho del otro; son aquellos que en definitiva han ejercitado una forma de amor que es un facsímil razonable de lo que yo creo el amor es.

Ese amor que  perdona, que sigue viendo las potencialidades, que tiene esperanza en lo que se puede mejorar y que al final del camino, acepta al otro con muchas de sus peculiaridades y rarezas. Ese amor que ve a través de los defectos y conecta efectivamente con lo que somos en esencia.

Quienes están parados allí, parece que tienen mayor probabilidad de éxito para conservar  y cultivar relaciones longevas. Para quien cree que el amor nace y muere en las coincidencias, esto es territorio comanche. No es comprensible. Lo entiendo, de allí vengo yo.

No deja de ser para mí una rareza como pasamos de cero a cien o viceversa en materia de sentimientos. Lo que un día parece seda se convierte en papel de lija. Hoy creo que debemos intentar conectar con sentimientos más profundos y elevados y no dar rienda suelta a la euforia que el enamoramiento provoca.

Porque el enamoramiento va a pasar y si no se construyeron bases sólidas, cualquier brisa marina va a socavar lo que parecía el cielo y luego uno irremediablemente se tiene que preguntar: ¿Alguien anotó la placa del camión que nos arrolló?

Hace ya varias décadas, el grupo de rock  venezolano Témpano, grabó una canción titulada “¿Qué nos pasó?", la cual me cautivó desde el primer momento en que la oí y la cual retrata la parte que les comparto cuando una de las partes se pregunta por qué fue que no se logró. Aquí les dejo lo que versa:

 

¿Qué nos pasó?

Témpano

 

Eres más que inspiración, 

para mí, eres más que una razón.

Para vivir sin ti, el tiempo que me quede,

lo usaré para escribir cosas de ti.

 

Eres más que una ilusión,

en esta cama eres más que la soledad.

Cada noche el ayer se vuelve hacia a mi

y tu no volverás

 

¿Qué nos pasó

en nuestra historia de amor?

En el poema que escribimos

el final nunca llegó

¿Qué nos pasó

en nuestra historia de amor?

En el poema que escribimos

el final nunca llegó

  

Me preguntarán por ti

yo les diré que ya no estás viviendo aquí.

Recordaré la vez, que amándonos dijiste

que el amor era fugaz, cosas de ti

 

Y en la noche al descansar

yo sentiré tu presencia y te besaré

al despertar viviré, otra vida y tal vez

Te olvidaré


 Gustavo León

 #LaFelicidadEsPortátil

 @YoSoyGusiTrainer

CRP o Reanimación Cardiopulmonar (RCP)

 

Si me hubieran dado un dólar por cada vez que alguien confundió las siglas del Círculo de Realización Personal (CRP) con las de Reanimación Cardiopulmonar (RCP), sería millonario 😅

Recientemente he imaginado un poco la similitud de una con la otra. La RCP es una técnica para salvar vidas, utilizando maniobras para llevar oxígeno a los órganos vitales. CRP son un conjunto de estrategias que pueden cambiar tu vida, si las practicas y te permites recibir todo lo que viene cuando cambias el cristal con el que miras lo que te ocurre.

RCP te salva al instante, CRP quizás se cocine a fuego lento, pero no me cabe duda de que puede marcar una gran diferencia entre un transitar enfocado en el malestar y otro donde sobresale lo mejor de ti y logras la armonía de tu ser con todo lo que te rodea. Es como salir del modo sobrevivencia en el que muchas veces caemos para subir otros escaños más interesantes y menos estresantes.

¿Te salvará la vida? Eso depende de cómo lo veas. Lo que te puedo asegurar es que cambiará para siempre si lo adoptas como tu nueva manera de comportarte ante lo que te presenta tu día a día.

Si quieres descubrir de qué va todo eso, contáctame por alguno de los medios que te dejo aquí debajo, pronto inicio una nueva Formación de CRP.

 

Trainer CRP: Gustavo León

Inicio: Jueves 25 de Agosto  del 2022 – 6:00 PM (Hora de Venezuela)

Inversión: a partir de USD 40

 

gleonvillarroel@gmail.com

0412 7 383 101 y 0414 268 19 33

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Telegram: https://t.me/GustavoLeonV

 

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viernes, 22 de julio de 2022

 


Tonto, tonto, tonto

Por: Gustavo León

 

Me lo decía en medio de un llanto cargado de impotencia. No podía entender mi posición y le parecía insólito que esa fuera la resolución.

Yo tampoco entendía, desde mi lado de la acera obviamente. En mi cabeza estaba tomando la mejor decisión.

De esta escena hace ya unos 15 años. Ambos teníamos menos de 30 años y veníamos de transitar un par de años hermosos y tormentosos a la vez.

Ella era tierna, dulce y romántica. Muy de detalles. Un día, hizo una pancarta y sin miedo al ridículo estaba allí, en frente de mi edificio, para mostrármela con sus propias manos. Era de ese tipo de atrevimientos. Ambos nos prodigamos en regalos, cartas de amor, notitas, peluches y demás yerbas aromáticas pertenecientes al acervo de la cursilería mundial.

Sin embargo, ahí estábamos a gusto. Ni antes ni después tuve algo a ese nivel, en ese terreno.

También era explosiva cuando se disgustaba. De alzar la voz. De comentarios mordaces. También fue la novia más celosa que he tenido, ninguna de sus sucesoras se le ha acercado a su merecidísimo primer lugar en este rubro.

Era tal su determinación, que “limpió” mi círculo de amigas. Porque es cierto, era muy celosa, pero con ella descubrí que había un puñado de mis amigas que tenían una rara intención subyacente de fastidiar mis relaciones. Al final no eran tan amigas como yo pensaba.

Solo que como es de suponer, esta “limpieza” resultó incómoda y solo con el tiempo pude ver efectivamente lo que ocurría en una segunda capa que no era tan evidente para mí.

Cuando terminamos, las amigas y familiares sobrevivientes de la “limpieza” (si, también podía celarme de algunos miembros de la familia), me contaron historias entre asombrosas y risibles, de como ella ejecutaba el exterminio de lo que no tenía buenas intenciones.

Debo decir que yo no era esta versión del 2022. Me costaba trazar líneas y límites y en medio de mi visión de ver esta parte de la vida, podía hacer cosas que hubieran resultado incómodas para la mayoría de las mujeres en papel de novia de alguien.

Intento hacer un punto de honor donde si bien era cierto su alto nivel de celos, no es menos cierto que mi actitud, número infinito de amigas y el grupo con intenciones turbias, terminaba de configurar un cóctel que atizaba todo el asunto.

Todo este cuadro resultaba en conflictos, discusiones, desencuentros y afines. Yo tengo toda la vida huyéndole a dos cosas:

1.- Discusiones o peleas altisonantes

2.- Discusiones repetidas

Mi deseo es conversar con la mayor altura, cordialidad y cortesía posible y luego solucionar, no volver a disgustarme por el mismo asunto una y otra vez. En nuestro caso, ambas cosas que menciono arriba eran constantes y era por eso (principalmente) que ese día yo estaba terminando con ella.

Sin embargo, ella tenía razón: yo estaba siendo un tonto, tonto, tonto.

No por terminar con ella. Es probable que con el nivel de inmadurez mutuo no lo hubiéramos logrado a largo plazo.

Lo tonto, tonto, tonto fue ponerle el foco a todo lo que no me gustaba de ella y comerme el cuento de que era insoportable y que superaba todo lo bueno que ofrecía.

Era aún más tonto, tonto, tonto no comprender que yo estaba (y estoy) lejos de ser perfecto. Que yo también traía lo mío a la relación y que la única diferencia entre ella y yo es que ella no estaba convencida de que mis peculiaridades eran suficientes para acabar con todo.

Tenía más confianza en la relación y en el potencial de ésta y tenía la certeza de que se podía mejorar. Estaba segura de que los ratos buenos, las afinidades y el lado favorable de ambos, alcanzaba para mejorar y solidificar el noviazgo.

Lo más tonto, tonto, tonto fue no entender de lo que va el amor: de aceptar.

Yo no les estoy diciendo ahora que carguen una cruz y soporten todo. Cada quien tiene sus no negociables. Por ejemplo, no creo que yo pudiera estar con una fumadora, por decir algo sencillo pero importante para mí.

Cada quien tiene esos límites más o menos claros y evidentemente el amor no va de soportar ni aguantar lo que no quieres para ti. Nada de tolerar maltratos, abusos o manipulaciones.

Yo intento decirles que cuando tienes a alguien, con defectos, pero cuyo balance entre eso que no te gusta y lo que sí te agrada se inclina notoriamente hacia aquello que sí quieres, pues debes intentar amar más y mirar con más frecuencia en la dirección de aquello que si valoras.

En el camino, puedes intentar mejorar lo incómodo, claro. Va a depender mucho más del otro que de ti. Sin embargo, se debe partir de la base del “te acepto” así como vienes, porque no solo eres ese pedazo que me cuesta tragar, sino un sinfín de cualidades con las que amo convivir.

Hay algo todavía más poderoso. Valorar a quien te ama, a quien quiere todo contigo y quien sí ha sido capaz de poner la mira en lo que le gusta de ti.

Esa tarde, yo no me sentía tonto, tonto, tonto. Solo quería huir de ese conflicto que yo apreciaba permanente. De una situación que en mi mente no tenía salida. Fue solo con el paso de los años que comprendí lo que era comportarse como un tonto, tonto, tonto.

Repetí la fórmula muchas veces: empecinarme con lo negativo, mirar todo el día en esa dirección y dejar que todo eso me envenenara. Es por ello que fui desechando buenas mujeres (con defectos, claro), que luego se sentían disminuidas al no entender qué era lo tan malo que tenían para que yo quisiera huir en la dirección contraria.

Obviamente no todos los casos son iguales. Con alguna que otra, aun siendo buenas mujeres, las diferencias se metían en mis límites y allí sí que no hay manera. Al menos eso sigo pensando hoy.

Esta historia tiene una suerte de final feliz y una moraleja (para los despistados que aún no la han visto). Ella consiguió la manera de pasar la página y darse cuenta que aún me quería en su vida, aunque fuera en el formato de amigos. Nos llevábamos tan bien, que aquello fluyó como la seda y hemos tenido una linda amistad desde entonces. La he visto casarse, tener hijos y ha sido maravilloso poder contar con ella por tantos años.

La moraleja es: Amen. Amemos. Con “A” mayúscula. Amen como los ama su perro. Amen como aman a sus hijos. Es lo más cerca que tenemos para apreciar una muestra del amor incondicional. No traicionen su esencia ni sus límites, sin embargo, no se queden viendo ni agrandando justo la parte que no les gusta.

Aprendan a distinguir cuando tienen a alguien por quien vale la pena estar. Aprecien cuando ustedes sean amados y noten especialmente cuando ustedes no son tan criticados. No es que de repente se han convertido en la perfección hecha carne, lo que está pasando es que los están AMANDO.

 

Gustavo León

#LaFelicidadEsPortátil

@YoSoyGusiTrainer

 



Cuando decidí quedarme en Venezuela


Ilustración de Aridha Prassetya

Ilustración de Aridha Prassetya


Llegó un punto en que lo tenía decidido. Venezuela tiende a apretarte hasta que sientes que te expulsa por los aires repentinamente. Por allá en el 2017 pensaba que no había otra salida: había que emigrar. Pensé que el destino ideal para mí era Chile.

Empecé a investigar acerca de los trámites necesarios. Comencé a preguntar a los amigos y familiares  que ya había iniciado el camino o que estaban allá.

Desde septiembre de ese año, la amiga quien me presenta CRP estaba hablándome de la formación.

Finalmente en marzo del 2018 la hice y empecé a practicar las estrategias. Y claro, me dio resultados en varios ámbitos de mi vida, sin embargo hoy vengo a contarles cómo fue que hacer CRP me hizo cambiar de opinión.

En principio, mis finanzas personales mejoraron. Obviamente es un gran aliciente. Pero Venezuela sigue siendo lo que es hoy en día. Hay asuntos estructurales, profundos, que va a tomar un tiempo mejorar y cambiar.

¿Entonces qué pasó?

Es fácil, comencé a verlo distinto. Al final del camino, la vida no es lo que nos ocurre, sino lo que hacemos con ello. El cómo reaccionamos a eso. “Solo los estúpidos no cambian de opinión”, dijo un renombrado político venezolano hace algunos años.

¿No te pasa que recuerdas alguna situación del pasado que te causó quizás alguna frustración o rabia y ahora que la revisas en tu mente no te produce lo mismo?

El secreto es comprender que lo que cambia no es el evento en sí, sino  tu manera de verlo. El modo en que percibes tu realidad define el cómo te sientes al respecto. El cómo te sientes define los resultados de tu vida.

En mi caso, implementar las estrategias y enseñanzas de la Formación de CRP me permitió percibir mi estadía en Venezuela de un modo diferente: sin sufrirla.

¿Te estoy diciendo ahora que hay quedarse en Venezuela? No. Solo te digo que un cambio en la interpretación que le das a lo que pasa afuera te hará vivir mejor en Venezuela, Colombia, España, México o donde quiera que estés, sin importar si acaba de ganar el candidato de izquierda que tanto te da miedo.

Tu bienestar no está atado a los estímulos externos que recibes.

¿Quieres saber “con qué se come eso”? ¿Te gustaría mirar los acontecimientos desde otra acera? Contáctame para apuntarte a mi siguiente formación de CRP, usando cualquiera de los medios que te voy a dejar a continuación (o puedes seguir sufriendo cada vez que lees alguna noticia desagradable):

 

Trainer CRP: Gustavo León

Inicio: Jueves 4 de Agosto  del 2022 – 5:30 PM (Hora de Venezuela)

Inversión: a partir de USD 40

 

gleonvillarroel@gmail.com

0412 7 383 101 y 0414 268 19 33

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jueves, 26 de mayo de 2022

Mi mamá contestó …

 



Si. Consiguió la manera de contestar. Consiguió la manera de enviarme un mensaje. Es la historia que me estoy contando y al final, les pondré lo que me dijo. Antes, algo de contexto.

En primer lugar, no me esperaba que eso que escribí lo leyera tanta gente. Les confieso que lo escribí para mí y me pareció que era demasiado largo para la época en la que estamos viviendo, de tal modo que lo colgué en Facebook y en un par de sitios más, solo para que estuviera en la red y conservarlo allí.

Yo este año decidí retomar esa pasión que tengo por escribir y me prometí que no lo iba a volver a soltar. Ese escrito era algo que tenía años, si, años, dando vueltas en mi cabeza y finalmente lo materialicé. Entonces quería decirles a todos: muchas gracias. Por pasar, por leer, por comentar, por sentirse identificados, por aceptar el llamado a reflexionar, por ser, por estar, por cada comentario lindo y por cada recuerdo. Infinitas gracias.

Entre tantos comentarios tan hermosos, me contestó una amiga Trainer de CRP, como yo, que además se graduó en la misma promoción y en el mismo grupo donde yo participé. CRP tiene tres resultados posibles de esa evaluación y una mención especial, a quienes se destacaron en su cónclave. Yo no sabía de eso, sin embargo me enteré justo días antes de ir a la certificación y me puse como meta principal ser el destacado de mi grupo.

El resto estaba preocupado de si iba a pasar, de qué nota iba a obtener, de si se pondría nervioso y cosas por el estilo. Yo no pasé por allí porque no tengo esos desafíos (tengo otros). Confiaba en que yo podía expresar a cabalidad lo concerniente a CRP y sus principios puesto que están basados en teorías que yo tengo  mucho rato manoseando, además que tengo plena confianza de mis capacidades para comunicar. Logré mi objetivo sin mayores apuros y Rosse, que así se llama, fue la otra aspirante a Trainer que obtuvo la mención especial.

De tal modo que tenemos ese lazo adicional y ella es una consecuente lectora de cuanta cosa escribo y siempre me ha prodigado palabras de elogio que atesoro muy hondo porque siempre me motivan a seguir escribiendo. Cuando lean lo que me escribió, notarán además que Rosse tiene otras habilidades, pudo leer  entrelíneas, tanto de lo que soy y fui, como lo que fue mi mamá y la relación que tuvimos. Lo hizo con tal tino que me enmudecí y dejé por día y medio de revisar el Facebook. Me conmovió, me sorprendió y me dejó pensando en la sincronicidad, en la posibilidad de que mi mamá anduviera por allí, en la sensibilidad de Rosse como madre, en lo mucho que disfruté leer eso y sobre todo, en lo mucho que lo necesitaba, sin saberlo.

Muy poca gente logra verme las costuras. Como dice Rosse, doy una sensación de no necesitar nada. No es cierto. No lo tengo todo resuelto, sin embargo, puertas afuera, pareciera que sí. Recuerdo una anécdota con mi prima Claudy. Siendo ya unos adultos jóvenes, viviendo cada quien de manera independiente, nos reunimos en su casa. No recuerdo el motivo. No lo necesitábamos. Como nos ha pasado a muchos, en medio de la reunión se nos acabó el alcohol y estábamos convencidos que sin eso no podíamos seguir (no es cierto, pero uno lo cree firmemente). Resolvimos entonces salir a buscar más en la licorería cercana, que nos quedaba en La Vega. Era ya algo tarde y no era un sitio muy seguro.

Salimos, compramos y nos devolvimos exitosamente. Mi prima, que como pocas me conoce bastante bien, llegó contando la anécdota y decía: “éste se bajó con su cara Nro. 55 de <<aquí no está pasando nada>>, pero yo sé que estaba cagado”. Claro que lo estaba, no me gustaba mucho ese plan de compra de emergencia, sin embargo, logré poner por encima la confianza y la mente positiva lo suficiente como para que ambas cosas intentaran convivir y lo que se viera en la superficie fuera una cara lo más neutra posible.

Justo el año que me hice Trainer de CRP hice otra formación que se llama Money Coaching. Pronto me verán hablar más de eso porque me estoy preparando como facilitador. En ella se remueven los recuerdos y tu historia porque es hasta los siete años que se echan las bases de la mente subconsciente. Justo allí me di cuenta que yo en mi estilo y mi mamá en el suyo, no pudimos en esos primeros años míos compaginar lo que yo quería de ella y lo que ella tenía para dar.

Ya se los dije, yo no era precisamente tradicional. ¿Recuerdan a los siempre constantes Testigos de Jehová que tocaban a la puerta para hablarte de Dios? Yo los hacía pasar. Tenía 12 años y los sentaba en la sala de mi casa con el único objetivo de debatir con ellos y hacerles ver, Biblia y demás pruebas en mano, que estaban equivocados. No tocaron más la puerta luego de varias visitas traumáticas al 13-05 del Bloque 53 de Los Jardines de El Valle. Siempre fantaseo con la idea de que se giraban instrucciones precisas a los evangelizadores para que ni por error tocaran esa puerta del gordito sabelotodo. Ese que como pasatiempo hacía biografías de personajes famosos. Así mataba mi aburrimiento. Tomaba las cinco enciclopedias que mi papá nos había comprado y me leía una a una lo que cada una decía del personaje de mi elección y luego me sentaba a escribir una especie de compilado de lo que había leído. Lo hacía por diversión, no era ninguna asignación académica.

Por eso es que Rosse dio en el blanco. No sabe de estas y otras anécdotas y sin embargo me midió como solo un sastre lo puede hacer y luego interpretó el desafío que para mi mamá significó lidiar con semejante niñito. Yo no necesitaba que me dijera que hacer en cuanto a deberes escolares u hogareños, solo quería un abrazo, muchas caricias y quizás sus historias. Que se aprovechara de que yo estaba oyendo a José José y a José Luís Rodríguez por ella y habláramos de eso. Que me enseñara más trucos de la cocina, toda vez que fui el único que mostré interés en cocinar. En fin, era un formato diferente que ella no podía descifrar con facilidad y que yo no ponía fácil empeñado en hacer preguntas complicadas donde no iba a conseguir las respuestas elaboradas que solo mi papá se inventaba.

Cuando leí lo que Rosse escribió, lo primero que vino a mi mente fue ese día en que mis padres me invitaron a casa de un buen amigo que tenían donde se celebraba algo e iban a poner un karaoke. Ya no vivía con ellos así que creo que nos conseguimos allá o nos fuimos en caravana, no importa tanto. En el sitio, mi mamá estaba en la cocina hablando con alguien y yo o iba de paso hacia el baño o a la cocina a recargar el trago y ocurrió lo que nunca me dijo directamente a mí:

“Deja que oigas a mi hijo, que ese sí que canta bien bueno y bien bonito”. Yo me caí para atrás como Condorito: ¡Plop! No lo podía creer. Yo tantos años cantando y mi mamá nunca me había dicho nada. Ese momento es un tesoro para mí y Rosse me llevó hasta allá, básicamente porque mucha gente debe haber oído de nosotros, de las cosas buenas que mi mamá tenía que decir acerca de sus hijos, pero pocas veces lo compartió con su camada de leoncitos. Por eso me trago mi propia historia de que mi mamá usó a Rosse como instrumento, para decir justo eso que era difícil decirme, por ella y por mí. Estoy seguro que ella también quiso más tiempo para podernos decir mucho de lo  que calló por distintos motivos.

Gracias Rosse Marie Crucich, no tienes idea de lo que me regalaste.

Esto fue lo que Rosse me puso:

 

Mi querido amigo, sabes que me encanta leerte. Te leí desde el hijo pero te voy a escribir desde la madre, pensando en lo que ella te respondería si pudiese leerte: “Amado hijo, tú me elegiste pero no ha sido fácil ser tu mamá. Mírate TU tan analítico, tan observador, tan sensible, tan inteligente, tan independiente, tan suficiente…Tu alma llega a esta experiencia con una memoria y una evolución que no me deja espacio para guiarte, para enseñarte, para acompañarte, a veces siento que no me necesitas, y que viniste a enseñarme…Te amo muchísimo, pero por momentos siento que vas mucho más allá del lugar hasta donde puedo llegar, y cuando peleamos es porque no me queda otra que hacer valer mis puntos de vista que difieren de los tuyos pero que son válidos porque son míos y porque soy tu madre. Eres el hijo que toda madre desearía tener y no solo te amo con todo mi corazón (aunque no sepa cómo expresarlo), además te admiro inmensamente y siento un indescriptible orgullo de su ser tu mamá“.


domingo, 8 de mayo de 2022

Mi relación con Gerónima

 


Mi relación con Gerónima

 

No le gustaba para nada su nombre. No conforme con el Gerónima, mi abuela le agregó Del Valle, lo cual configuraba para ella una combinación poco agradable, a mí tampoco me gustaba, sin embargo poco importaba porque yo siempre la llamé Mamá.

Sus hermanas, hermanos y demás familiares cercanos la llamaban cariñosamente “La Negra”. En otros predios era conocida como Nima, diminutivo de su nombre que ingeniosamente usaba en sustitución de éste.

En mis recuerdos de temprana infancia, recuerdo algunas de nuestras primeras fricciones. Yo era el clásico niño que preguntaba cosas peculiares y mi mamá pocas veces atinaba a darme una respuesta satisfactoria, según mi juicio. Todavía es difícil convencerme con cualquier cosa o argumentos vacíos. Tontamente pensaba que tenía alguna preferencia especial hacia mis hermanos y como guinda de ese “pastel”, la poca frecuencia de cariños o mimos me hacía pensar que no me quería lo suficiente.

Con la llegada temprana de mi hijo entendí un montón de cosas que hasta ese momento me eran ajenas, lo he dicho infinidad de veces. Cuando uno tiene un hijo y se ocupa de él, los cuidados que uno ha recibido siendo infante cobran una dimensión enorme, es como una luz que clarifica todo. Si tuviste alguien que te atendiera mientras dependías enteramente de esos adultos, créeme, fuiste un niño querido. Poner un plato de comida en la mesa tres veces al día, cambiar pañales, velar el sueño, llevarte al médico, atender tus resfriados, revisar tus tareas, comprar tu ropa y tus útiles escolares y ese largo etcétera que puede seguir; son acciones que ponen de manifiesto que en efecto, te amaban  y mucho.

Por fortuna, atender muy de cerca a mi hijo recién nacido me permitió cambiar por completo la imagen que tenía de mi mamá. Luego de unos pocos meses, llegué a la conclusión de que a la madre (y al padre presente y responsable), no se le podía siquiera alzar la voz, puesto que es tal el tiempo, esmero, cariño y atenciones que hay que tener para con los niños pequeños, que no hay manera de pagar o retribuir eso una vez que uno crece. No lo puedes equiparar con nada.

Luego empecé a entender que mi mamá no era de dar muchos besos y abrazos, no era de decir todos los días te quiero o te amo y que además, se había autoimpuesto un papel de “rudeza” para contener todo lo que pudo, a tres hijos varones. En consecuencia, lo que yo en un principio percibí como falta de afecto, no era sino un poco su personalidad innata y otro poco de un papel que interpretaba para no perder el control y  las riendas del hogar.


Con mi papá


La última reflexión al respecto la entendí cuando logré ver lo que pasa con los hijos que demandan más atención. Les explico: yo siempre he sido muy independiente, me gusta hacer mis deberes esenciales y de hecho, si alguien intenta adularme con muchos cuidados termina asfixiándome. Incluso, no doy mucho espacio para ello puesto que generalmente tengo todo en orden y no hace falta mucha intervención externa. De niño, era al que no había que decirle que se levantara, que se cepillara los dientes o que hiciera su tarea. Mientras más crecía, más responsabilidades tomaba: aprendí a elaborar algunos platos alrededor de los 12 años, lavaba y planchaba mi ropa alrededor de los 14 y nunca hubo que supervisar muy de cerca mis deberes académicos. En contraparte, mis hermanos, cada quien con su edad y su estilo, terminaban acaparando toda la atención porque había que chequearlos más a menudo, toda vez que tenían mayor tendencia a dejar algunos de sus deberes sin hacer.

Es cierto que es una suerte de atención en “negativo”, porque realmente no es que mi mamá les estaba dedicando tiempo para hablar, conversar o recrearse con ellos; era más bien una suerte de persecución donde mi mamá hacía de policía fiscalizador, que estaba pendiente de que el check list diario de tareas y deberes se cumpliera lo mejor posible. En ese cuadro, cuando cada tanto volteaba a mirar hacia donde estaba yo, a mí no tenía nada que decirme acerca de “tener” que hacer algo y elegía no decir nada, por lo que les dije de su personalidad sumado (creo yo) al cansancio y humor que el resto del cuadro le provocaba.

Todo esto claramente es desde mi óptica y de mi lado de la acera. Ojalá estuviera aquí para poder explicarme algunas cosas al respecto. No porque me haga falta saberlo, sino porque disfrutaría poder conversarlo y poderla oír, ya liberada de la tan ardua tarea de criar hijos y con el desparpajo y sinceridad que vienen con la vejez, donde a veces te liberas de algunos miedos y prejuicios, por la propia experiencia o por la cercanía del fin.

A esta percepción de lo que ocurría en casa le agregué que, a fin de cuentas, claro que siempre hay un hijo (cuando tienes varios) con el que puedes tener más afinidad. A veces se da por el género, otras veces por los gustos en común y otras tantas simplemente por compatibilidad. Esto nunca significa que haya más “amor” para ese hermano(a), es simplemente que con ese se la lleva mejor. Es natural y no tiene por qué afectarte. No todos lo entienden y muchos de nosotros lo entendemos al cabo de  muchos años. Cuando llevé esta consideración a mi propio caso, obviamente no había una gran compatibilidad entre mi mamá y yo, aunque, paradójicamente, nos parecíamos mucho en algunos rasgos de personalidad. Yo recuerdo con jocosidad, como ya siendo un adulto joven de más de 25 años, viviendo independiente y con un hijo de 8 años; que mi mamá solo atinaba a decir: “Cuando estés grande me entenderás”, en los momentos donde no lograba convencerme de algún punto de vista. Yo me sonreía porque me parecía una ocurrencia y le decía: “Mamá, mido 1,83 m, peso más de 100 kilos, voy rumbo a los 30 años, me casé, tuve un hijo, ya no vivo en tu casa, soy graduado universitario, creo que ya estoy grande”. Luego lo dejaba así porque después de que mi hijo nació, yo tuve la menor cantidad de disputas con mi mamá que pude tener. Decidí que no tenía que discutirle nada.

Se los cuento porque eso nos pasaba mucho: no estábamos de acuerdo. Sin embargo, ya en esos momentos, yo dejaba que ella me dijera cualquier cosa sin chistarle y ya había entendido plenamente que ella y yo teníamos visiones diferentes del mundo y de la vida y que en realidad, no tenían que ser idénticas. Por fortuna, en cuanto yo dejé de refutar lo que decía, nuestra relación mejoró notablemente y me permitió ver a esa “Nima” que mucha gente veía.

Como nuestras visiones eran diferentes, yo no comprendía como había un ingente número de personas  a quienes les encantaba hablar con mi mamá. La buscaban, la llamaban, pasaban tiempo con ella y les encantaba contarle sus secretos, intimidades o problemas, en búsqueda de su consejo. Mi mamá tenía muchos amigos y generalmente establecía lazos cercanos a su paso por cualquier lugar. Tenía inclusive interlocutores con los cuales lograba tener charlas legendarias de horas y horas.


Con mi tía Carmen


Mientras yo ganaba años y madurez y mientras ella ganaba lo mismo por su lado, nuestra relación fue mejorando. Ayudó mucho que yo cerrara la boca y escuchara lo que tenía que decir. Cuando realmente estaba en el modo correcto de atención, encontraba verdaderos tesoros en medio de un montón de cosas con las que yo no estaba de acuerdo. Eso “pagaba la entrada” de la charla, hacía que valiera la pena. Una vez que enfermó, nos pudimos acercar aún más. Se apoyó en mí para suplir algunas de sus funciones y eso me permitió ver el entramado que manejó por tantos años.

En el funeral de mi mamá, fue impresionante la cantidad de gente que pasó a apoyarnos. Noté 3 cosas: la cantidad de gente que la apreciaba a ella sinceramente. Era un montón. Luego noté la cantidad de gente que apreciaba a mi papá, sin necesidad de tener una relación estrecha con ella estaban allí por él. Finalmente la cantidad de gente que me quería a mí. Decenas de amigos y allegados se hicieron presentes para darme un espaldarazo. Nunca se los pude agradecer en su justa dimensión. Fue una demostración monumental de apoyo y cariño para los deudos que estábamos allí. Siempre cuento que en un momento, pasé más de una hora sin moverme del mismo punto, saludando y recibiendo a la inmensa mayoría de gente que hizo acto de presencia. Fue impresionante, uno tras otro, sin darme chance a más nada. Gracias a todos.

Yo no extraño a mi mamá como se podría suponer porque nunca construimos rutinas de salir o compartir algo en particular con esmerada consistencia. Yo extraño lo que su presencia garantizaba: que los hermanos se reunieran, pasar el 24 de diciembre juntos o comer mi torta de cumpleaños hecha por sus manos. Extraño el amor que le prodigó a mi hijo, el nieto que más disfrutó. Y sobre todo pienso en lo que pudo ser. En lo que ahora a mi edad pienso y comprendo. En lo que me hubiera gustado oír de nuevo sus puntos de vista y en lo más dispuesto que yo estuviera hoy de oír con aún mayor atención las gotas de sabiduría que tenía para entregar. En que no me vio cantar un Aria y ganar con él un concurso de talento, el no ver a su nieto graduarse de bachiller o no conocer a sus últimos dos nietos, por decir algunas de las cosas que han pasado en estos ya casi 15 años.

Mamá, gracias por todo lo invisible, lo imperceptible, lo que se notaba poco. Gracias por cada arepa, cada pan caliente hecho por ti, cada pasticho de berenjena, cada jugo de guayaba con parchita, cada piso de granito excelsamente pulido, cada salsa legendaria de carne molida. Gracias por cada camisa que me regalaste, nadie como tú para comprarme la ropa que me servía con este cuerpito tropical enorme. Gracias por la herencia en costumbres. Gracias hasta por las manías que copié. Todo ese hogar que recuerdo, toda esa infancia feliz en mi mente no hubiera sido posible sin ti.

Me faltó algo de tiempo para apreciarte en tu justa dimensión, no hay culpa, hice lo mejor que pude con lo que tenía a mano. Te amo mamá, creo que te lo dije muy poquito. Feliz día de la madre.



viernes, 6 de mayo de 2022

El Punto Negro

 


El Punto Negro

 

Estoy seguro que muchos conocen el relato, no lo voy a contar de nuevo por aquí. Solo les resumo que se trata de esa historia donde un profesor hace una evaluación sorpresa y el examen es solo una hoja con un punto negro. Los estudiantes deben hablar de lo que ven.

Es un buen ejemplo de lo condicionados que estamos para poner nuestro foco justo en lo que no funciona o no nos gusta. Lo vemos ahora mismo en las redes sociales, cuando aparecen los llamados “haters”. Con frecuencia son solo un puñado, pero captan nuestra atención hasta que se vuelven más importantes que la mayoría de personas que han enviado mensajes que aportan, o que se han dirigido con cortesía y amabilidad a pesar de tener opiniones contrapuestas.

Lo he repetido varias veces, sin embargo, por ahora no parece sobrar la apreciación: hemos comprado la idea de que la sonrisa de un niño o el beso de tu mujer no son grandes eventos, pero en contraparte, magnificamos todo aquello que sea una noticia desagradable. Margarita Pasos repite aquello de “no le alquiles tu espacio sagrado” a todo eso que te perturba o te genera malestar. El espacio sagrado es la mente y el tiempo que pasamos o bien consumiendo contenido negativo o bien pensando en aquello que no anda como deseamos.




Por otro lado, Mario Alonso Puig comentaba hace algunos días la importancia del equilibrio emocional y de mirar con atención y agradecimiento aquello que sigue funcionando en mi vida, “es como encender una  luz en medio de la oscuridad”, porque todo lo que aún se encuentra en su sitio, no solo es la mayoría, sino que con mucha frecuencia es más importante y más valioso.

En el Círculo de Realización Personal tenemos una estrategia que me gusta mucho, la cual busca potenciar todo lo bueno que ya tenemos y que frecuentemente lo damos por sentado, de ese modo somos capaces de ver aquello que rodea al punto negro y evitamos poner en el foco justo en lo no nos favorece. En mi cuenta de Instagram @YoSoyGusiTrainer encontrarán lo necesario para contactarme e iniciar este sábado 7 de mayo una formación  donde aprenderán esta y otras sencillas estrategias que nos anclan al presente, a lo positivo y a lo que nos gusta. 

 

Gustavo León

#SerFelizEsGratis

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jueves, 21 de abril de 2022

¿De qué te sirve tu malestar?

 


Con frecuencia escucho y leo a personas que opinan que no pueden sentirse bien debido a que en el mundo existen muchas injusticias, las enfermedades, la guerra, el mal, gente sufriendo, etc.

 

Aunque esto puede sonar a empatía y quizás lo sea, en realidad es una homologación emocional con el malestar externo que pueden percibir y que magnifican hasta hacerlo suyo.

 

Hay un montón de cosas que pasan en nuestro planeta sobre las cuales no tenemos control directo. Lo interesante es que nuestra preocupación al respecto tampoco las resuelve.

 

No se trata de mirar a otro lado, ignorando a tus pares que no la están pasando bien. Se trata de analizar bien desde dónde puedo ser más útil, empezando con mi vida misma.

 

Sentirme mal, triste, frustrado o impotente por aquello que no está funcionando del modo en que yo creo que debería ser, me afecta directamente a mí. Esto ni siquiera tengo que explicarlo o probarlo. El estrés ya es reconocido como la causa de un centenar de dolencias humanas.

 

Entonces, empezando por la autoestima, debemos hallar el modo de transitar lo desagradable desde otra perspectiva. El domingo leí a Tuti Furlán que decía: “Tu malestar no alivia al mundo, ni siquiera a tu pequeño mundo”.

 

¿Cómo lograr sentirse mejor en medio de todo lo que pasa? En principio es colocar en una balanza lo que realmente está pasando. Hay una tendencia (mediática por cierto) de poner el foco justo sobre lo que no funciona y agrandarlo, ignorando lo que sí está andando bien.

 

Cuando lo pensamos minuciosamente, notaremos que hay muchas más cosas positivas que al contrario y que además, se ha desestimado como “noticia” positiva pequeñas cosas que ocurren a diario y por millones, que son gratificantes, maravillosas y que si posáramos más a menudo nuestra atención allí, seguramente nos sentiríamos mejor.

 

Por ejemplo, la sonrisa de un niño, el “te amo” de tu mamá, un cálido abrazo o el trinar de los pájaros. Solo los condicionamientos que tenemos, nos impiden comprender los milagros que hay detrás de estos eventos.

 

Para no alargar más este asunto  y tratando de aterrizarlo, puedo decir que la gente feliz no jode. Que es mejor trabajar con quien tiene mejor actitud y una sonrisa y que ése que intenta sentir gratitud por cada cosa que le ofrece la vida, está en mejor posición de ayudar, colaborar y acompañar a otros que aquel que gastó su día amargado por los males mundiales.

 

No es sonreír para evadir la “realidad”, es sonreír para evadir el malestar, por amor propio y por amor al prójimo. Concluía La Tuti en su reflexión dominguera: “Tú sonríes y procuras ser agradecido y feliz porque a ti te hace un mejor ser humano y eso aporta mucho más a tu propia vida y al mundo entero”.

 

Es por estas cosas que yo no dejo de pensar que eso que te puede hacer feliz, es fácilmente transportable contigo a donde quiera que vayas y dondequiera que estés, porque simplemente #LaFelicidadEsPortatil

 

Gustavo León

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