Si. Consiguió la manera de contestar.
Consiguió la manera de enviarme un mensaje. Es la historia que me estoy
contando y al final, les pondré lo que me dijo. Antes, algo de contexto.
En primer lugar, no me esperaba que
eso que escribí lo leyera tanta gente. Les confieso que lo escribí para mí y me
pareció que era demasiado largo para la época en la que estamos viviendo, de
tal modo que lo colgué en Facebook y en un par de sitios más, solo para que
estuviera en la red y conservarlo allí.
Yo este año decidí retomar esa pasión
que tengo por escribir y me prometí que no lo iba a volver a soltar. Ese
escrito era algo que tenía años, si, años, dando vueltas en mi cabeza y
finalmente lo materialicé. Entonces quería decirles a todos: muchas gracias.
Por pasar, por leer, por comentar, por sentirse identificados, por aceptar el
llamado a reflexionar, por ser, por estar, por cada comentario lindo y por cada
recuerdo. Infinitas gracias.
Entre tantos comentarios tan
hermosos, me contestó una amiga Trainer de CRP, como yo, que además se graduó
en la misma promoción y en el mismo grupo donde yo participé. CRP tiene tres
resultados posibles de esa evaluación y una mención especial, a quienes se
destacaron en su cónclave. Yo no sabía de eso, sin embargo me enteré justo días
antes de ir a la certificación y me puse como meta principal ser el destacado
de mi grupo.
El resto estaba preocupado de si iba
a pasar, de qué nota iba a obtener, de si se pondría nervioso y cosas por el
estilo. Yo no pasé por allí porque no tengo esos desafíos (tengo otros).
Confiaba en que yo podía expresar a cabalidad lo concerniente a CRP y sus
principios puesto que están basados en teorías que yo tengo mucho rato manoseando, además que tengo plena
confianza de mis capacidades para comunicar. Logré mi objetivo sin mayores
apuros y Rosse, que así se llama, fue la otra aspirante a Trainer que obtuvo la
mención especial.
De tal modo que tenemos ese lazo
adicional y ella es una consecuente lectora de cuanta cosa escribo y siempre me
ha prodigado palabras de elogio que atesoro muy hondo porque siempre me motivan
a seguir escribiendo. Cuando lean lo que me escribió, notarán además que Rosse
tiene otras habilidades, pudo leer
entrelíneas, tanto de lo que soy y fui, como lo que fue mi mamá y la
relación que tuvimos. Lo hizo con tal tino que me enmudecí y dejé por día y
medio de revisar el Facebook. Me conmovió, me sorprendió y me dejó pensando en
la sincronicidad, en la posibilidad de que mi mamá anduviera por allí, en la
sensibilidad de Rosse como madre, en lo mucho que disfruté leer eso y sobre
todo, en lo mucho que lo necesitaba, sin saberlo.
Muy poca gente logra verme las
costuras. Como dice Rosse, doy una sensación de no necesitar nada. No es
cierto. No lo tengo todo resuelto, sin embargo, puertas afuera, pareciera que
sí. Recuerdo una anécdota con mi prima Claudy. Siendo ya unos adultos jóvenes,
viviendo cada quien de manera independiente, nos reunimos en su casa. No
recuerdo el motivo. No lo necesitábamos. Como nos ha pasado a muchos, en medio
de la reunión se nos acabó el alcohol y estábamos convencidos que sin eso no
podíamos seguir (no es cierto, pero uno lo cree firmemente). Resolvimos
entonces salir a buscar más en la licorería cercana, que nos quedaba en La
Vega. Era ya algo tarde y no era un sitio muy seguro.
Salimos, compramos y nos devolvimos
exitosamente. Mi prima, que como pocas me conoce bastante bien, llegó contando
la anécdota y decía: “éste se bajó con su cara Nro. 55 de <<aquí no está
pasando nada>>, pero yo sé que estaba cagado”. Claro que lo estaba, no me
gustaba mucho ese plan de compra de emergencia, sin embargo, logré poner por
encima la confianza y la mente positiva lo suficiente como para que ambas cosas
intentaran convivir y lo que se viera en la superficie fuera una cara lo más
neutra posible.
Justo el año que me hice Trainer de
CRP hice otra formación que se llama Money Coaching. Pronto me verán hablar más
de eso porque me estoy preparando como facilitador. En ella se remueven los
recuerdos y tu historia porque es hasta los siete años que se echan las bases
de la mente subconsciente. Justo allí me di cuenta que yo en mi estilo y mi
mamá en el suyo, no pudimos en esos primeros años míos compaginar lo que yo
quería de ella y lo que ella tenía para dar.
Ya se los dije, yo no era
precisamente tradicional. ¿Recuerdan a los siempre constantes Testigos de
Jehová que tocaban a la puerta para hablarte de Dios? Yo los hacía pasar. Tenía
12 años y los sentaba en la sala de mi casa con el único objetivo de debatir
con ellos y hacerles ver, Biblia y demás pruebas en mano, que estaban
equivocados. No tocaron más la puerta luego de varias visitas traumáticas al
13-05 del Bloque 53 de Los Jardines de El Valle. Siempre fantaseo con la idea
de que se giraban instrucciones precisas a los evangelizadores para que ni por
error tocaran esa puerta del gordito sabelotodo. Ese que como pasatiempo hacía
biografías de personajes famosos. Así mataba mi aburrimiento. Tomaba las cinco
enciclopedias que mi papá nos había comprado y me leía una a una lo que cada
una decía del personaje de mi elección y luego me sentaba a escribir una
especie de compilado de lo que había leído. Lo hacía por diversión, no era
ninguna asignación académica.
Por eso es que Rosse dio en el
blanco. No sabe de estas y otras anécdotas y sin embargo me midió como solo un
sastre lo puede hacer y luego interpretó el desafío que para mi mamá significó
lidiar con semejante niñito. Yo no necesitaba que me dijera que hacer en cuanto
a deberes escolares u hogareños, solo quería un abrazo, muchas caricias y
quizás sus historias. Que se aprovechara de que yo estaba oyendo a José José y
a José Luís Rodríguez por ella y habláramos de eso. Que me enseñara más trucos
de la cocina, toda vez que fui el único que mostré interés en cocinar. En fin,
era un formato diferente que ella no podía descifrar con facilidad y que yo no
ponía fácil empeñado en hacer preguntas complicadas donde no iba a conseguir
las respuestas elaboradas que solo mi papá se inventaba.
Cuando leí lo que Rosse escribió, lo
primero que vino a mi mente fue ese día en que mis padres me invitaron a casa
de un buen amigo que tenían donde se celebraba algo e iban a poner un karaoke.
Ya no vivía con ellos así que creo que nos conseguimos allá o nos fuimos en
caravana, no importa tanto. En el sitio, mi mamá estaba en la cocina hablando
con alguien y yo o iba de paso hacia el baño o a la cocina a recargar el trago
y ocurrió lo que nunca me dijo directamente a mí:
“Deja que oigas a mi hijo, que ese sí
que canta bien bueno y bien bonito”. Yo me caí para atrás como Condorito:
¡Plop! No lo podía creer. Yo tantos años cantando y mi mamá nunca me había
dicho nada. Ese momento es un tesoro para mí y Rosse me llevó hasta allá,
básicamente porque mucha gente debe haber oído de nosotros, de las cosas buenas
que mi mamá tenía que decir acerca de sus hijos, pero pocas veces lo compartió
con su camada de leoncitos. Por eso me trago mi propia historia de que mi mamá
usó a Rosse como instrumento, para decir justo eso que era difícil decirme, por
ella y por mí. Estoy seguro que ella también quiso más tiempo para podernos
decir mucho de lo que calló por
distintos motivos.
Gracias Rosse Marie Crucich, no
tienes idea de lo que me regalaste.
Esto fue lo que Rosse me puso:
Mi querido amigo, sabes que me encanta
leerte. Te leí desde el hijo pero te voy a escribir desde la madre, pensando en
lo que ella te respondería si pudiese leerte: “Amado hijo, tú me elegiste pero
no ha sido fácil ser tu mamá. Mírate TU tan analítico, tan observador, tan
sensible, tan inteligente, tan independiente, tan suficiente…Tu alma llega a
esta experiencia con una memoria y una evolución que no me deja espacio para
guiarte, para enseñarte, para acompañarte, a veces siento que no me necesitas,
y que viniste a enseñarme…Te amo muchísimo, pero por momentos siento que vas
mucho más allá del lugar hasta donde puedo llegar, y cuando peleamos es porque
no me queda otra que hacer valer mis puntos de vista que difieren de los tuyos
pero que son válidos porque son míos y porque soy tu madre. Eres el hijo que
toda madre desearía tener y no solo te amo con todo mi corazón (aunque no sepa
cómo expresarlo), además te admiro inmensamente y siento un indescriptible
orgullo de su ser tu mamá“.

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