Con frecuencia escucho y leo a
personas que opinan que no pueden sentirse bien debido a que en el mundo
existen muchas injusticias, las enfermedades, la guerra, el mal, gente
sufriendo, etc.
Aunque esto puede sonar a empatía y
quizás lo sea, en realidad es una homologación emocional con el malestar
externo que pueden percibir y que magnifican hasta hacerlo suyo.
Hay un montón de cosas que pasan en
nuestro planeta sobre las cuales no tenemos control directo. Lo interesante es
que nuestra preocupación al respecto tampoco las resuelve.
No se trata de mirar a otro lado,
ignorando a tus pares que no la están pasando bien. Se trata de analizar bien
desde dónde puedo ser más útil, empezando con mi vida misma.
Sentirme mal, triste, frustrado o
impotente por aquello que no está funcionando del modo en que yo creo que
debería ser, me afecta directamente a mí. Esto ni siquiera tengo que explicarlo
o probarlo. El estrés ya es reconocido como la causa de un centenar de
dolencias humanas.
Entonces, empezando por la
autoestima, debemos hallar el modo de transitar lo desagradable desde otra
perspectiva. El domingo leí a Tuti Furlán que decía: “Tu malestar no alivia al
mundo, ni siquiera a tu pequeño mundo”.
¿Cómo lograr sentirse mejor en medio
de todo lo que pasa? En principio es colocar en una balanza lo que realmente
está pasando. Hay una tendencia (mediática por cierto) de poner el foco justo
sobre lo que no funciona y agrandarlo, ignorando lo que sí está andando bien.
Cuando lo pensamos minuciosamente,
notaremos que hay muchas más cosas positivas que al contrario y que además, se
ha desestimado como “noticia” positiva pequeñas cosas que ocurren a diario y
por millones, que son gratificantes, maravillosas y que si posáramos más a
menudo nuestra atención allí, seguramente nos sentiríamos mejor.
Por ejemplo, la sonrisa de un niño,
el “te amo” de tu mamá, un cálido abrazo o el trinar de los pájaros. Solo los
condicionamientos que tenemos, nos impiden comprender los milagros que hay
detrás de estos eventos.
Para no alargar más este asunto y tratando de aterrizarlo, puedo decir que la
gente feliz no jode. Que es mejor trabajar con quien tiene mejor actitud y una
sonrisa y que ése que intenta sentir gratitud por cada cosa que le ofrece la
vida, está en mejor posición de ayudar, colaborar y acompañar a otros que aquel
que gastó su día amargado por los males mundiales.
No es sonreír para evadir la
“realidad”, es sonreír para evadir el malestar, por amor propio y por amor al
prójimo. Concluía La Tuti en su reflexión dominguera: “Tú sonríes y procuras
ser agradecido y feliz porque a ti te hace un mejor ser humano y eso aporta
mucho más a tu propia vida y al mundo entero”.
Es por estas cosas que yo no dejo de pensar
que eso que te puede hacer feliz, es fácilmente transportable contigo a donde
quiera que vayas y dondequiera que estés, porque simplemente
#LaFelicidadEsPortatil
Gustavo León
#SerFelizEsGratis
@gleonv en Twitter
@YoSoyGusiTrainer en Instagram

No hay comentarios:
Publicar un comentario