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martes, 21 de septiembre de 2010

Cuando se es lo que se critica (01/2009)

Cuando se es lo que se critica

Quizás sea parte de la condición humana. Quizás es más viejo de lo que yo creo. Quizás tiene que ver con la degeneración de la sociedad. Pero es definitivo: lo que más me cuesta conseguir en este mundo es coherencia.

El ser humano en su mayoría tiene poca consistencia. Dependiendo del lado de la acera en el que se encuentre, puede cambiar de piel sin sonrojarse. Me vienen a la memoria numerosos recuerdos que fortalecen esta tesis, la mayoría de ellos personales.

Recuerdo llegar a casa de esta persona. Tuve que quitarme los zapatos. Tenían alfombra en casa y la pulcritud era la norma. A los pocos días, va en mi carro rumbo a la playa ¡y ocurre una emergencia! Su linda y pequeña hija, tuvo un llamado de la naturaleza y al no tener edad para controlarlos, depositó en su pañal lo que ya no necesitaba su cuerpo. La persona me pide apenada permiso para hacer el cambio por demás obligatorio en estas lides, a lo cual accedo de inmediato. Una vez hecho el cambio, por nanosegundos pude evitar que esta persona desechara el pañal usado a través de la ventana de mi vehículo en marcha. Aún boquiabierto, le indico que desde mi carro no se echa basura a la calle, sin importar lo desagradable del olor de ésta. Tengo montones de bolsas para este y cualquier otro caso similar o peor.  ¿Cómo llamamos a esto? ¿Cómo puedes tener tan altos estándares de limpieza en casa y ser capaz de echar basura a la calle? De donde vengo se llama incoherencia.

Es lo mismo que observo a diario en el sanitario de mi lugar de trabajo. Siempre me pregunto si estos usuarios son así en los sanitarios de sus casas. ¿Sólo por ser uno público no se merece tu respeto y cuidado? Inconsistencia lo llamo yo.

Imaginemos esto: La República de Tucusiapón del Sur acaba de cerrar el mes de diciembre con algo más de 500 muertes violentas. No hay ninguna declaración oficial al respecto. De hecho, hay prohibición de revelar estas cifras. No hay palabras de condolencia. No hay planes para evitarlo. No hay una sola declaración en televisión, prensa escrita, radio, correo electrónico. Nada. A los pocos días se desata un conflicto internacional a miles de kilómetros de Tucusiapón entre dos naciones. La dirigencia política en el poder simpatiza con un bando y con el otro definitivamente no. El bando con el que se siente la afinidad es el que lleva la peor parte y los decesos se acercan al fatídico número de 500. ¿Adivinen que? Se expulsa al embajador del bando no afín, el presidente de Tucusiapón emite miles de declaraciones de repudio, pregunta con estupor: "¿Y si fuera tu hijo? ¿Y si fuera tu padre, tu madre?", el Congreso Legislativo se pronuncia, se realizan reuniones en Mezquitas avaladas por el Ministerio de Interior y Justicia, se realizan marchas hacia la embajada del bando contrario en repudio de los hechos, se pintan consignas en los comercios donde se sabe operan personas de esta nacionalidad ahora cuestionada. ¿Cómo no se te cae la cara cuando emprendes esta cruzada del lamento por unos decesos humanos a kilómetros de distancia y que no tienen ningún parentesco contigo mientras te quedas mudo e impávido ante la muerte de tus propios compatriotas? ¿Adivinen que? Los 500 de diciembre son apenas un promedio. TODOS LOS MESES OCURRE ALGO SIMILAR EN TUCUSIAPÓN DEL SUR. En mi pueblo lo llaman Incoherencia.

Es peor cuando quien critica una postura no se da cuenta que la asume sin estupor. Criticas la corrupción de quienes ocupan altos cargos en el gobierno de turno, pero si cometes una infracción o te remolcan el carro, buscas sin chistar la manera de evitar las unidades tributarias de la multa. Siempre es más barato pagarle al fiscal de tránsito. O te "coleas" en la cola del banco, en la del cine o en la del concierto. O usas el material de tu oficina para el trabajo de la universidad. O si tienes algo de poder en tu lugar de trabajo, atropellas a tus subalternos, te saltas controles, procedimientos, normas y hasta elegancia comportándote peor que quienes has criticado por el ejercicio aplastante e irrespetuoso de sus cargos públicos. Cuando mantienes al amigo en su cargo a sabiendas de que no sirve para ello y en perfecto conocimiento de los problemas que ocasiona a tu grupo de trabajo. Cuando hablas con el profesor o jurado por una oportunidad para tu hijo o sobrino, en lugar de usar esta reprobación como lección para el díscolo muchacho. Cuando a pesar de que tu familiar no calza los requerimientos físicos para aspirar a un puesto de trabajo especial en la sociedad, te empeñas en usar tus influencias para que sea aceptado aún cuando quién lo examina advierte que en un par de años será un incapacitado laboral y en consecuencia una carga para la organización que lo contrate. Cuando criticas la opulencia, el dinero, el consumismo y en cuanto tienes la primera oportunidad disfrutas de las mieles y dulzuras que proporciona el dinero que ahora estás obteniendo de manera irregular. No chistas en emitir juicios de la relación amorosa de tu amiga, tu hermana, tu vecina y eres incapaz de recordar que has sido infiel, que has dudado hasta de la paternidad de algún hijo que has llevado en tu vientre, que has estado por años con alguien a quien no consideras tu compañero de vida, que estás con un marido abusivo y dominante.

En estos casos adoraría tener la capacidad de Jesucristo de saber los pecados de otros. Recuerdo el episodio bíblico cuando un grupo de hombres intentaba apedrear a una prostituta y el Salvador empezó a escribir en la arena los errores cometidos por los portadores de rocas. Fue sorprendente y contundente. Sería muy útil para alguno de los casos que describí, podríamos preguntarles a estos caraduras: "¿No recuerdas cuando estuviste en aquella situación en particular muy parecida por cierto a esta que estás condenando?"

Para cerrar, recuerdo una frase que me dijo un compañero de trabajo, al cual recuerdo especialmente por su capacidad para llevarme a tierra cuando yo andaba en mi nube particular. Este personaje es completamente gris y pragmático en cuanto a su visión de la vida, curtido por el tipo de trabajo que ejecuta. Yo aún tengo cierta fe en las personas, en las instituciones, en la capacidad de cambio, en un mundo mejor. Cuando la pierda definitivamente, perderé todo. Por eso la mantengo. Pero siempre fue aleccionador oír a este personaje porque me dejaba enseñanzas y me traía a la realidad, a la dura realidad. Un día hablando de los abusos del poder de quienes ostentan cargos importantes, me dijo: "Dale poder a un hombre y lo conocerás". La frase no es de él, pero es increíblemente cierta. Al ocupar cargos de poder, a algunos de los seres humanos definitivamente se les ve la esencia, su verdadera esencia y son proclives a ser lo más incoherente de este mundo, irrespetando hasta sus propios principios morales, cegados por el éxtasis de mandar.

Gustavo León
gleonvillarroel@gmail.com
@gleonv 

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